miércoles, 21 de enero de 2015

Hallowen en el Hayedo de Tejera Negra

El 31 de octubre preparamos nuestra Manuelita y salimos rumbo al Hayedo de Tejera Negra en Guadalajara. De camino paramos en Riaza, para hacer unas compras de comida y un cazo que se nos había olvidado, y descubrimos una preciosa plaza porticada llena de comercios y locales de restauración a la que van a dar un entramado de calles peatonales con suelos y casas de piedra; compramos una chapata y unas tortas de anís hechas en un horno artesanal para seguir viaje.

Riaza
Atravesando la ruta de los pueblos rojos viajamos a través de casas construidas con piedra roja que van tiñendo el paisaje de fuegos y ocres del otoño, la arcilla y la madera empleada en la construcción de estos pueblos es la responsable. Abandonamos Segovia para adentrarnos en tierras de Guadalajara a través de un paisaje de molinos de viento modernos donde la carretera se va dibujando entre las sombras de las aspas en movimiento.
Dejamos un par de pueblecitos y paramos a comer en Villacadima, pequeña aldea con una iglesia románica cuya puerta mudejar es realmente bonita.
Unos bocadillos de jamón elaborados con la chapata y regados con un buen vino verdejo se convierten en nuestra comida. Lo mejor de esta parada el paisaje, el sol que te llena de luz y de vida, la tranquilidad en medio de la nada observando las vacas que pastan a nuestro alrededor sin inmutarse. Un cafetito en Manuelita con tortas de anís y seguimos camino hacia el Hayedo situado a las afueras de Cantalojas.
En unos quince minutos llegamos a la entrada del parque natural donde nos paran para anotar la matrícula e informarnos de que podemos entrar sin reserva al Hayedo al día siguiente si llegamos entre las 8:30 y las 9:00 de la mañana. Decidimos entonces aparcar la furgoneta en ese parking y como son las cuatro de la tarde damos un paseo por una pista forestal hasta un puente de pizarra que cruza el río Lillas, volvemos sobre las 18:00 a Manuelita donde nos quedamos a pasar la noche, tarde de lectura, escritura, música y sustos de Hallowen.

Puente de pizarra sobre río Lilla
El día 1 de noviembre pasamos el control del parque a las 8:30 y después de conducir los ocho kilómetros que nos separan del inicio de la ruta por el Hayedo, un buen desayuno y a caminar durante unas tres horas que dura el recorrido. Apenas hay en el parking tres coches así que prácticamente estamos solos en el Hayedo.

Cuando llevamos una hora caminando nos damos cuenta de que hemos entrado en un bosque de hayas, parece que estamos ante una postal típica del otoño, todo a nuestro alrededor son tonos rojos y marrones con algún amarillo de las hojas de los árboles que alterna con el color cobrizo del ambiente, un manto rojo de hojas cubre el cauce del río y lo tapa por completo mientras vamos siguiendo su curso y ascendemos hasta llegar a una pradera con unas vistas espectaculares donde hacemos una parada para reponer líquido y alimentos mientras que la vista disfruta con la naturaleza.
Continuamos por el sendero disfrutando del hayedo y de sus colores tan sorprendentes hasta volver de nuevo al parking desde el que iniciamos la ruta. Son las doce de la mañana y hordas de turistas comienzan a llegar para iniciar la ruta, algunos incluso empezando por el final, suponemos que con la intención de encontrar menos gente.


Comemos de camino hacia Riaza pasando de nuevo por los pueblos rojos concretamente entramos en Madriguera donde todas las casas del pueblo mantienen la misma hechura en piedra arcillosa de color rojo con madera oscura en los balcones y las puertas. Como la noche pasada fue noche de difuntos algunas casas aparecen decoradas con calaveras, brujitas, calabazas, farolillos y telas de araña. Visita obligada al pequeño cementerio que rodea la iglesia y abandonándonos por las callejuelas de Madriguera llegamos al frontón donde los niños juegan en unos columpios y la gente del pueblo aprovecha los últimos rayos de sol.
Madriguera
Álvaro y Eva en Madriguera

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