Manuelita, Eva, Álvaro y Raúl
Salimos sobre las 12:30 de Miramar, pequeño pueblo de la costa valenciana, con rumbo a Cadaqués. Después de pagar unos cuantos peajes uno consigue llegar a Cadaqués, un precioso pueblo de la costa Brava, cerca del cabo de Creus. Lo que más me impresiona son las casitas blancas, antiguas casas de pescadores en torno a la cala donde han proliferado bares, restaurantes, hoteles, tiendas... Lo mejor pasear por el interior del pueblo, subir por las callejuelas empinadas y cenar en un bar escondido al que le llega la brisa del mar; Primera experiencia surrealista a la hora de dormir, aparcamos en una urbanización tranquila y sin apenas tráfico, cuando ya nos disponemos a meternos en la cama una señora nos dice que ahí no se puede dormir y que llamará a la policía si no nos vamos, por lo tanto decidimos buscar otro lugar para pasar la noche, nos dirigimos por la carretera que va hacia Port Lligat hacia un parking situado a las afueras de Cadaqués, un lugar tranquilo donde decidimos pasar nuestra primera noche, que discurre por fin tranquila y sin contratiempos.
Día 2: Cadaqués - Arlés
Son las 8:30 de la mañana cuando hacemos nuestro primer desayuno juntos para conducir rumbo a Figuerés y visitar el Teatro Museu Dalí. A las 10:30 y después de aparcar a Manuelita detrás del hospital que ya no es zona azul, nos encontramos a la entrada del museo haciendo cola para adquirir nuestra entrada. Impresionante la primera imagen que recibe el visitante al entrar en lo que sería el patio de butacas transformado por Dalí. Sin embargo lo que más nos gustó fue la sala de Mae West con su famoso sillón de labios rojos y la visión que se obtiene de toda la sala desde el prisma situado en lo alto de una escalera y al que para llegar también hay que hacer cola. Sensación de agobio por la cantidad de personas que visitan el museo, los grupos enormes de turistas con sus guías que apenas te dejan espacio para moverte o ver lo que quieres tranquilamente.
Después de comer salimos de España por la Junquera y tras pagar unos cuantos peajes que nos parecen excesivos, nos topamos con un tremendo atasco en la autopista por lo que decidimos abandonarla y viajar por carreteras locales. A pesar de incrementarse las horas de viaje, lo bueno de esta opción es que conocemos pueblitos pintorescos de la zona, así como productos típicos que se venden a pie de carretera en puestos de madera, sobre todo fresas y abricots de St.Giles y descubrimos una zona de viñedos cercana a Nimes y Arlés.
Llegamos a Arlés y aparcamos cerca del centro para visitar la ciudad, como es una zona residencial de casonas que parece muy tranquila, sin apenas luz ni tráfico, nos quedamos también dormir. El Ródano le da un encanto especial a esta ciudad, con su paseo por las orillas y el barrio de pescadores, casas muy antiguas donde cenamos en una especie de taberna turca para seguir después hacia el legado romano de la ciudad, el teatro con corridas de toros, un anfiteatro donde descubrimos un concierto de Chucho Valdés y en los alrededores bares y restaurantes para turistas.
Día 3: Arlés - Freiburg
Hoy pasamos prácticamente casi todo el día en la carretera ya que no nos queremos demorar más en Francia, llegamos a Freiburg a las 21:00 y nos dirigimos al Hizberg Camping, a 1,5 Km al este de la Schwabentor (una de las dos puertas medievales de entrada a la ciudad), que para nuestra sorpresa está completo. Volvemos sobre nuestros pasos para hacer un pequeño descanso en una zona universitaria y darnos un baño en un río helado que nos sienta de maravilla. A nuestro alrededor la zona de deportes de la universidad y casitas residenciales de estudiantes, grandes praderas donde los jóvenes hacen barbacoas y toman unas cervezas al aire libre. Nos parece un sitio perfecto para pasar la noche, cena en la furgoneta y paseito por la zona que cuenta con un carril bici muy transitado y un paseo para andar con columpios y circuitos de ejercicios.
Día 4 : Freiburg - Titisee
Las ciudades alemanas no permiten la entrada de coches a sus cascos históricos, por lo que hay que aparcar o bien en los parking que están justo a la entrada del centro o salirse un poco y aparcar más lejos, aunque esto suponga tener que andar un poco más. Bordeamos el casco histórico y dejamos atrás un par de aparcamientos para llegar al parque donde se puede coger el teleférico y en unas calles aledañas encontramos un lugar para dejar a Manuelita sin tener que pagar. Descubrimos un casco histórico precioso, unas calles rodeadas de un canal con un sabor delicioso a ciudad medieval que lo impregna todo, ya que incluso los guías visten trajes típicos de otra época; lo peor son las obras que llenan la ciudad y tapan sus monumentos con los andamios para la restauración, como la catedral o Munster que es impresionante por su altura pero está prácticamente tapada, lo mismo que la Schwabentor, una de las dos puertas de entrada al Altstadt. Comemos cerca del Gewerbekanal en una taberna típica de madera (la Englers Weinkrügle) donde degustamos una sopa de Gulag espectacular, unas salchichas y unas patatas con queso monster de la región acompañado todo ello con dos cervezas de medio litro buenísimas. Para bajar la comida damos un paseo por la arbolada Scholssberg, que discurre por encima de Friburg y que atravesando un bosque soleado llega a una torre de observación, desde la cual hay unas vistas espectaculares de la ciudad a nuestros pies. Tras una hora y media de caminata volvemos en busca de Manuelita para poner rumbo al lago Titisee, donde entraremos en un camping para cargar luz, agua y hacer noche en una pradera de cesped sobre el lago.
Lago Titisee
Me esta encantando este primer viaje! Aqui me quedo esperando la continuacion!
ResponderEliminarTengo una idea: Podrias hacer una entrada enseñandonos a Manuelita, para que los que no estamos familiarizados con este tipo de vehiculos sepamos como es por dentro, las podibilidades que ofrece etc.
Mua!