Llegamos a Triberg sobre las 16:00 y lloviendo, una hora tardía para visitar ciudades en Alemania, sin embargo conseguimos aparcar a Manuelita muy cerca del centro en un descampado entre casas donde no sabemos por qué pero no hay que pagar. Triberg es una calle llena de tiendas de relojes de cuco y de souvenirs de la Selva Negra, que termina o empieza en las cascadas más altas de Alemania, alimentadas por el río Gutach y con un total de 163 metros. Llegamos a las cataratas sobre las seis de la tarde y como nos parecía un poco molesto y costoso tener que pagar por ver algo de la naturaleza, encontramos un parque para niños a la derecha de la entrada. Álvaro encantado con un par de pasadizos con cuerdas, balancines de madera, cabañas... y cual es nuestra sorpesa cuando descubrimos otra entrada a las cataratas que está abierta y sin nadie que cobre en el puesto de madera de los tikets, suponemos que por la hora, seguimos por una pasarela de madera que nos lleva directamente a la primera catarata, vamos haciendo el recorrido montaña arriba, nos topamos con un nutzcraker e incluso una ardila.
De camino a la furgoneta pensamos ir a probar una tarta Selva Negra a la pastelería Shäfer donde el pastelero tiene la receta original de Josef Keller de 1915: bizcocho esponjoso, nata fresca, guindas, un chorrito de kirsch y chocolate espolvoreado, pero llegamos demasiado tarde y ya han cerrado la pastelería así que nos vamos con las ganas camino de Lindau en el lago Constanza.
Llueve sin parar durante todo el viaje y llegamos a Lindau en medio de una cortina de agua que nos impide ver cualquier cosa, ni siquiera logramos acercarnos al casco histórico, por lo que cansados de todo aparcamos a Manuelita en un Lidl y decidimos pasar allí a la noche. A la mañana siguiente sigue lloviendo del mismo modo, un atasco espantoso nos impide de nuevo la entrada a la ciudad, Lindau debe ser muy bonito pero no hay suerte, parece que todo se pone en contra, damos media vuelta y salimos de allí rumbo a Fussen, a ver los castillos del llamado rey loco.
Día 6: Fussen
Dos horas de viaje en las que va amainando la lluvia de tal modo que cuando llegamos a Fussen (Baviera) sobre las doce del mediodía ya no llueve torrencialmente e incluso de camino hemos visto un poco el sol. Como es de esperar hay que aparcar antes de entrar en el Aldstat y dejar a Manuelita en un parkin. En nuestro paseo por el centro no podemos resistir la tentación de comer dos salchicas deliciosas y para Álvaro pedimos un Leberkas que viene a ser un trozo de carne asado en un bocadillo, buenísimo, y de postre descubrimos las famosas bolas de nieve que son unas bolas hechas con tiras de masa frita y rebozadas luego con azúcar, chocolate, crema, limón... un dulce un poco tosco y empalagoso pero gracioso de comer. Una abadía y un castillo se asoman sobre el centro histórico muy animado de turistas a esta hora a pesar de la lluvia;
Para subir al famoso Neuschwanstein puedes hacerlo de varias maneras, con una caminata de unos 30 minutos, en una carreta tirada por caballos (cuesta 6 euros por persona) o en autobús. Una vez arriba las vistas del paisaje son impresionantes junto a un castillo de cuento de hadas diseñado por Luis II de Baviera; a continuación vamos hacia el puente colgante Marienbrüke desde el que podemos apreciar el castillo entero como en una postal tantas veces vista, sin embargo antes de llegar nos encontramos con otra postal formada por los dos castillos y el Alpsee al fondo. Descendemos por un pequeño sendero que entre árboles y vegetación nos devuelve al inicio del trayecto. A la hora de dormir elegimos uno de los parkins a la entrada de la ciudad en los que se paga de 9:00 a 18:00 y puesto que a la mañana siguiente nos iremos antes de esa hora, allí podremos descansar tranquilos entre el río y rodeados de vegetación.
Día 7: Bad Tolz - Chiemsee
Son las ocho de la tarde cuando llegamos al Panoramacamping Harras en Prien am Chiemsee, un lugar privilegiado en el lago ya que desde la playa privada del camping se observan las islas del lago y a la derecha los Alpes Bávaros y Austriacos. La puesta de sol detrás de los picos nos ofrece unos colores rosados sobre el lago que Raúl aprovecha para hacer unas fotos preciosas.

La ultima foto, la de la puesta de sol, es impresionante!
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